Ciencia y Tecnología Todas

Colombia científica

Por: Christian Sarmiento

Si queremos progresar, en cuanto a ciencia y tecnología se refiere, es necesario tener un plan hecho a nuestra medida que nos permita ir creciendo en nuestras capacidades. Claro esta, este debe tener financiación asegurada y objetivos a largo plazo.

 Es bien conocido que los países cuando invierten en ciencia logran mejorar su economía, ejemplo  de ello es Corea del Sur, país líder en producción tecnológica a nivel mundial, pero que hace 30 años no tenía presencia en este mercado. Igual sucedió con Alemania que en su plan de estructuración después de la segunda guerra mundial incluyó el desarrollo científico como uno de sus principales ejes. Estas dos experiencias, tienen un elemento que las une: han sostenido la inversión en ciencia y tecnología (CyT) durante varias décadas; permitiendo así realizar la transición entre ciencia básica y aplicada.

La ciencia básica se define como el estudio de los principios fundamentales que rigen la naturaleza, generalmente descritos en lenguaje matemático. Este tipo de estudios sostenidos en el tiempo pueden concluir con resultados que pueden impactar en la sociedad. Ejemplo de ello, es  la teoría de la superconductividad a principios del siglo XX, la cual hoy es pieza clave en la fabricación de celulares y computadores. Para que este tipo de investigaciones den sus frutos se requieren dos elementos: el primero de ellos es infraestructura, es decir, laboratorios y equipos, y el segundo, recursos humanos, es decir, becarios de todos los niveles, técnicos e investigadores. Así las cosas, si se invierte de manera sostenida en ciencia básica en 20 o 30 años se empezarían a ver los frutos y se podría pensar en aplicar estos principios con fines productivos o hacer lo que hoy llamamos tecnología e innovación (TI).

Pues bien, estas dos palabras son el eje del flamante programa de Colciencias llamado: Colombia científica, que pretende como reza en el documento base generar “Alianzas estratégicas conformadas por: al menos una IES nacional con acreditación vigente en alta calidad, al menos una IES no acreditada, al menos un centro de investigación o universidad internacional líder en el área temática de la alianza, al menos una empresa/agremiación articulada con la alianza y, opcionalmente, un centro de investigación y/o desarrollo tecnológico y/o innovación nacional”.

Lo primero que hay que preguntarse es ¿de dónde saldrá el dinero para financiar este programa?, la respuesta debería ser obvia: del Estado Colombiano, pero no, la mayoría del dinero viene del Banco Mundial (BM) y otra parte de una institución Francesa. A estas alturas, ya sabemos que las cosas no van por buen camino pues ese tipo de financiamiento garantiza que de nuevo cederemos frente a la construcción de la autonomía científica, definida por J. Sábato como: “La capacidad de decisión propia de un país de elegir, proyectar, programar, instrumentar y realizar su política científica”*. Entonces, es hora de preguntarse: ¿existe política científica en Colombia? De este tema hablaremos en próximos escritos.

Ahora sabemos que los ejes de investigación están supeditados a lo que piensa el BM y estos son: estudios del cáncer (aquellos considerados importantes), política alimentaria, energías renovables con énfasis en agrocombustibles y sociedad con énfasis en el posconflicto. Una pregunta más, ¿Cuántas alianzas de este tipo se deberían a financiar para proyectar a Colombia como un país científico? Mínimo 50, pues de nuevo la respuesta es no, serán solo 4 en 2017 y 4 más en 2018.

Y ¿cuánto recibe cada alianza? Cada alianza recibirá 20.000 millones dividido en 5 años. Aunque parece una cifra grande es solo un tercio de lo que costó el Santísimo que fue construido en parte con dinero de las regalías destinado a investigación y desarrollo en Floridablanca, Santander. Es lamentable ver cómo el dinero destinado para la ciencia en Colombia se convierte un cristo de concreto para luego hipotecar el país una vez más al BM.

En esto términos, de nuevo en Colombia creemos que usando los términos de los países científica y económicamente desarrollados ya entramos a jugar de tú a tú. Pero la realidad es que si queremos progresar necesitamos mucho más que anuncios rimbombantes, en los que se le dice a los científicos, que por años han trabajado con la uñas, que con ese dinero se podría financiar la remodelación de un aeropuerto, así que piensen bien qué van a proponer porque tiene que ser mejor que eso y traer más beneficios, ver vídeo.

Si queremos progresar es necesario tener un plan hecho a nuestra medida que nos permita ir creciendo en nuestras capacidades. Claro esta, este debe tener financiación asegurada y objetivos a largo plazo. No estaría demás poner a pensar en estos programas a los científicos del país y no a Oscar Gualdrón y Víctor Hugo Malagón, uno ingeniero de petróleos y el otro economista, los dos con posgrados pero retirados de tareas investigativas hace más de 10 años. Nuestro país tiene gente que sabe y conoce cómo hacer de él una Colombia científica de verdad. Dejemos la improvisación.

*Sabato, Jorge (2004) Ensayos en campera. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes Editorial.

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