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Colombia dependiente en pendiente


El problema no está en los cultivos o recursos, el problema está en el modelo económico dominante. La industria colombiana sigue siendo raquítica y la apertura comercial de los 90 y los tratados de libre comercio, parece que terminaron de hundir el barco de la industrialización.


Para entender las raíces del capitalismo dependiente hay que revisar el colonialismo y sus relaciones de producción, en palabras de Eduardo Azcuy el colonialismo orientó la producción y el comercio en virtud de sus intereses estratégicos y contó para ello –contribuyendo a formarla- con la actividad de una élite terrateniente y mercantil que secundariamente se benefició del sistema económico vigente, y de cuyo seno surgirían quienes hegemonizaron la construcción del nuevo país.

La formación de Colombia como un país económicamente dependiente es un proceso específico y prolongado, con raíces más antiguas que las del propio capitalismo local, toda vez que ellas se hunden en las modalidades productivas y comerciales impuestas por el colonialismo español, otra herencia de los conquistadores.

Vania Bambirra una de los mayores referentes en el tema del capitalismo dependiente pone de manifiesto como el capitalismo en Latinoamérica se a desarrollado dentro del contexto de la expansión y evolución del capitalismo mundial, haciendo un recuento histórico del origen del mismo.

A partir de la posguerra 1945 debido al gran desarrollo de las fuerzas productivas concentradas por la economía de los Estados Unidos culmina en un proceso de monopolización, centralización y concentración de la producción por parte de multinacionales, dándose en Latinoamérica una serie de transformaciones sustanciales como la reorientación del sentido de la industrialización donde está ya había empezado y y orientándola en varios de los países que no la tenían desencadenada. En ambos casos estas transformaciones están relacionadas con la aplicación de inversiones por parte de las grandes empresas extranjeras particularmente norteamericanas.

En su libro dialéctica de la dependencia, Ruy Mauro Marin uno de los creadores de la teoría de la dependencia, hace un recuento de la integración al mercado mundial de Latinoamérica. Para Ruy Mauro dicha integración se forja al calor de la expansión comercial promovida, en el siglo XVI, por el capitalismo naciente, América Latina se desarrolla en estrecha consonancia con la dinámica del capital internacional. Colonia productora de metales preciosos y géneros exóticos, en un principio contribuyó al aumento del flujo de mercancías y a la expansión de los medios de pago, que, al tiempo que permitían el desarrollo del capital comercial y bancario en Europa, apuntalaron el sistema manufacturero europeo y allanaron el camino a la creación de la gran industria.

La revolución industrial, que dará inicio a ésta, corresponde en América Latina a la independencia política que, conquistada en las primeras décadas del siglo XIX, hará surgir, con base en la nervadura demográfica y administrativa tejida durante la colonia, a un conjunto de países que entran a gravitar en torno a Inglaterra. Los flujos de mercancías y, posteriormente, de capitales, tienen en ésta su punto de entroncamiento: ignorándose los unos a los otros, los nuevos países se articularán directamente con la metrópoli inglesa y, en función de los requerimientos de ésta, entrarán a producir y a exportar bienes primarios, a cambio de manufacturas de consumo y —cuando la exportación supera sus importaciones— de deudas.

La creación de la gran industria moderna se habría visto fuertemente obstaculizada si no hubiera contado con los países dependientes, y debido realizarse sobre una base estrictamente nacional. En efecto, el desarrollo industrial supone una gran disponibilidad de bienes agrícolas, que permita la especialización de parte de la sociedad en la actividad específicamente industrial. En el caso de la industrialización europea, el recurso a la simple producción agrícola interna hubiera frenado la extremada especialización productiva que la gran industria hacía posible. El fuerte incremento de la clase obrera industrial y, en general, de la población urbana ocupada en la industria y en los servicios, que se verifica en los países industriales en el siglo pasado, no hubiera podido tener lugar si éstos no hubieran contado con los medios de subsistencia de origen agropecuario, proporcionados en forma considerable por los países latinoamericanos. Esto fue lo que permitió profundizar la división del trabajo y especializar a los países industriales como productores mundiales de manufacturas.

La integración al mercado mundial de Colombia y América Latina en la que ocupamos el papel de granero o fuente de materia primas para Europa y Estados Unidos les permitió la especialización de su industria, a su vez su mayor productividad les permite obtener un plusvalía extraordinaria, la plusvalía está determinada por el grado de explotación más no por la productividad, es decir, la relación entre el tiempo de trabajo excedente en el que el obrero produzca plusvalía y el tiempo de trabajo necesario para reproducirse y mantenerse como obrero. En nuestro caso como países dependientes compensamos esa falta de productividad por medio de la superexplotación del trabajo que, se manifiesta en la intensificación del trabajo, la prolongación de las jornadas laborales y la expropiación del trabajo necesario que garantice al obrero su mantenimiento y reproducción; en los tres casos la vida útil de la mano de obra como mercancía disminuye.

Colombia tiene orientada gran parte de su producción hacia el café, la caña, la ganadería extensiva, el cultivo de palma y hacia la extracción de los recursos minero energéticos (oro, carbón, petróleo), es decir, seguimos produciendo materias primas y alimentos, esto no significa que el problema sea el café, la ganadería, o los recursos minero energéticos, como algunos dicen, sino fuera el petróleo y el café sería otro recurso. El problema no está en los cultivos o recursos, el problema está en el modelo económico dominante. La industria colombiana sigue siendo raquítica y la apertura comercial de los 90 y los tratados de libre comercio, parece que terminaron de hundir el barco de la industrialización.

Para empezar a romper con la dependencia debemos comenzar con la transformación de carácter estructural del latifundio improductivo, es necesaria una transformación política en el país y es que en Colombia cuando se habla de terratenientes, usualmente estamos hablando de narcotráfico, paramilitarismo, corrupción, y poder político.

Por: Javier Galindo

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