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¿Cómo conciliar las pantallas con los libros?

Ese fue uno de los cuestionamientos que quedó después de un conversatorio en que participó el escritor y premio Nobel de literatura Mario Vargas llosa durante la 43ª Feria del Libro de Buenos Aires. En el encuentro el autor habló sobre su expectativa sobre el libro impreso en medio del avasallamiento de internet y del valor que para él tiene la literatura.

Para Vargas Llosa uno de los elementos más importantes de la literatura, de lo que él llama la verdadera literatura, es el esfuerzo intelectual que debe hacerse a la hora de devorar una obra literaria. Los textos superficiales que pueden hacerse pasar por literatura se pueden ojear, entrever, pero no generan duda. Para él la literatura es la que se hace impresa, la que se puede tomar en las manos y degustar, porque la literatura debe causar placer, pero al mismo tiempo cuestionamiento e inquietud sobre la realidad.

La literatura también debe generar expectación sobre el pasado o el futuro en alguno de los aspectos humanos. Porque los libros constituyen una expresión de valores culturales que permiten reconocer los cambios históricos de una sociedad. Si una obra logra conseguir eso es obra de la literatura. No es casual que los libros exijan una participación intelectual por parte del lector, de hecho, para él, es fundamental que haya una exigencia para el lector. Ahí es donde radica la diferencia de aquello se escribe para las pantallas.

Vargas Llosa se refirió a un debate que hace algo más de un año mantuvo con el destacado intelectual Gilles Lipovetsky, en que este último argumentaba a favor de las pantallas aduciendo a la democratización de la información y a su vez de los libros, lo que generaba un mayor acercamiento por parte de la sociedad. Sin embargo, el Nobel le contradijo diciendo que una cosa era la apertura de público y otra muy diferente el reto intelectual de los libros que no crecía en la misma proporción. Para Vargas Llosa la literatura no es solo entretenimiento, es un tipo de conocimiento que desarrolla el espíritu crítico y que mantiene una identidad cultural, cosa que las pantallas no consiguen.

Para Lipovetsky a través de las pantallas los conocimientos se han puesto al alcance de todos, y que eso garantizaba que personas de zonas alejadas a las cuales no les llegaban los libros de texto accedieran a estos sí tenían una conexión wifi. Pero la contraposición de Vargas Llosa fue clara el afirmar que era un hecho aumentaban los libros pero que la lectura no era la misma. De hecho, la lectura crítica se lograba con argumentos a profundidad que muchas veces por el inmediatismo de la información por internet e incluso el formato digital de los libros no se logra. Incluso, Vargas Llosa menciona que son más fácilmente manipulables los contenidos que llegan a las pantallas mientras que en los libros es más complejo, a lo que llamó el monopolio de las pantallas.

Al final, el escritor aboga por la cultura libresca, remarca la importancia del esfuerzo intelectual que exigen los libros, más exactamente, la experiencia de la lectura de la literatura, pues debe permitir que quien lee eleve su espíritu a través de los mundos de aventuras, de sueños, de ilusiones que estos evocan. Y que, a partir de esto, los lectores regresen enriquecidos, con una perspectiva crítica de la realidad, con la sensibilidad a flor de piel que los acerque a lo verdaderamente humano. Si la literatura deja de ser un esfuerzo intelectual deja de cumplir un papel en la sociedad, por eso espera que el libro impreso se mantenga vigente, que sea apreciado por los más jóvenes para mantenerlo vivo.

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