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Sobre el debate del Aborto

Por: Laura Cristina

El debate sobre el derecho al aborto legal, seguro y gratuito atraviesa los cuerpos de las mujeres. Es sobre la vida de ellas por las que pasa esta ley, una ley que no penalice y que al contrario garantice una vida saludable para las mujeres.

El aborto es una circunstancia adversa. Ninguna mujer desea abortar. El aborto es, en primera instancia, un fracaso, porque es la consecuencia de algo que salió mal, algo que no pasó, algo que faltó. Muchos dirán que el aborto es una consecuencia de una irresponsabilidad. Pero lo que es cierto es que la razón de la irresponsabilidad no contempla las diversas circunstancias por las que debe atravesar una mujer por más de 30 años que es lo que dura su vida fértil. Porque sí, son 30 años de estricta responsabilidad, de postergación de los placeres (cosa que no hacen los hombres) para no quedar embarazadas, o sea, para no quedar como unas irresponsables. Las razones pueden ser múltiples: fallos en los métodos anticonceptivos, falta de acompañamiento, falta de educación sexual, falta de oportunidades sociales, falta de apoyo familiar, situaciones de violencia, riesgos de salud.

De manera que, pasar por alguna de esa situaciones convierte el aborto, en una segunda instancia, en una opción, en una alternativa para que las mujeres puedan continuar sus proyectos de vida libres, sin culpas, sin el peso de algo que no quisieron pero que por naturaleza les tocó vivir, porque los hombres nunca van a ver transformado su cuerpo ni atravesada su vida por un embarazo, las mujeres sí. El aborto en este escenario, como último escenario, se convierte entonces en una oportunidad de vida.

Es por esto que, la libertad de las mujeres no puede estar condicionada por su disposición física para ser madres. Ni el Estado, ni la sociedad tienen por qué exigirle a las mujeres ser madres. El cuerpo es de las mujeres y ellas deciden. Esa libertad no puede estar amenazada ni con cárcel ni con muerte, porque sí, una interrupción de un embarazo mal practicado en situación de clandestinidad, mata. Decidir sobre el cuerpo no puede ser un delito, no puede ser una obligación ni una condena. La vida y la libertad de las mujeres es de ellas y el Estado debe estar comprometido con el cuidado y la protección de sus ciudadanas, no debe ser el Estado quien las persiga, las oprima, las juzgue o las deje morir.

Por eso la exigencia de las mujeres no es solo que se despenalice el aborto, es que se legalice su práctica y se brinden garantías, porque la interrupción voluntaria del embarazo es una salida para las mujeres, es una ventana de oportunidades que no puede ser negada simplemente porque “la vida es así”. El mundo no se va hacer cargo de la futura persona. O es que quienes obligan a las mujeres a parir hijos no deseados van luego a comprarles los pañales, a llevarlos a las escuelas, a darles amor y sacarlos adelante durante TODA la vida. Hay que hacerse cargo, el aborto es una dura decisión, pero es una decisión responsable.

Las mujeres saben lo difícil que es la experiencia del aborto, pero también saben que es una circunstancia que deben asumir porque puede ser peor más adelante. Porque será una persona no deseada, será una persona no planeada, producto de circunstancias adversas que marcarán a la futura persona y a la madre por siempre. El aborto es evitar una tragedia mayor: la formación de una persona que no fue pensada con el amor y el acompañamiento con el que debería crecer. No cercenen nuestro derecho a decidir.

La marea verde sigue su curso por toda América Latina, se transforma en una marea multicolor donde todas las latinoamericanas empoderadas y en la calle salimos a luchar por nuestros derechos. Estamos escribiendo la historia y #SeráLey en Argentina y en toda América Latina.

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