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El ayer y el hoy de las mujeres en la ciencia

Poco o nada se dice de la importancia que han tenido las mujeres en el desarrollo de la ciencia, y no esa importancia al estilo de detrás de todo hombre hay una gran mujer con la que muy amablemente les dan las gracias por haberles hecho el tinto, el almuerzo o lavado la ropa mientras ellos hacían las grandes cosas.

Hablo de las grandes cosas que las mujeres han logrado hacer por sí mismas en una sociedad donde sus derechos siempre han sido tema de discusión. Desde que el ser humano ha comenzado a cuestionarse y a tratar de comprender el mundo, algunas mujeres han tratado de alcanzar el conocimiento, a pesar de que las herramientas les han sido negadas.

Algunas mujeres a su manera le contaron al mundo que la ciencia es una disciplina para todo género y se convirtieron en referentes para poner en entredicho las supuestas diferencias intelectuales entre los sexos y visibilizar la necesidad de inclusión del género femenino en todos los ámbitos de la sociedad. ¿Por qué circunstancias tuvieron que pasar estas personas?

Sophie Germain (1776-1831), por ejemplo, matemática, física y filósofa francesa hizo importantes contribuciones a la teoría de números y aplicaciones físicas de las mismas, contra sus progenitores y la sociedad, se educó con los libros de la biblioteca de su padre y de la correspondencia mantenida con famosos matemáticos como Lagrange, Legendre y Gauss, es decir, una autodidacta. Nunca pudo desarrollar una carrera matemática en ninguna institución académica, por lo que tuvo que trabajar de forma independientemente.

Marie Curie (1867-1934), la mujer científica más famosa de la historia doblemente premio Nobel (sólo cuatro personas se han ganado dos premios nobel) quien no estuvo exenta de atravesar situaciones de exclusión que llegaron a dejarla por fuera de su primer y merecido premio Nobel que no fuera por la protesta de su compañero de investigación y esposo Pierre Curie. Ambos descubrieron los elementos Radio y Polonio.

Lise Meitner (1878-1968), física austriaca que descubrió un nuevo elemento radiactivo, el protactinio junto con sus colegas, logró explicar el fenómeno introduciendo el término fisión nuclear, trabajo merecedor de un Nobel del cual fue excluida.

Otro genio de las matemáticas, pero con un poco más de suerte fue Emmy Noether (1882-1935) admitida de forma especial en la universidad puesto que, no se recibían hombres, su presencia en algunas clases dependía del sexismo del profesor y con todo eso supo cómo abrirse camino en el mundo de las matemáticas. Emmy transformó la imagen física del universo; nos mostró que detrás de “las leyes” físicas, los principios de conservación y las propias interacciones subyacen principios de simetría.

¿Quiénes describieron la estructura molecular del ADN? Watson, Crick y Wilkins aparece rápidamente en google, sin embargo, el comité de premios Nobel, Watson, Crick, Wilkins y la historia olvidaron el nombre de Rosalind Franklin (1920-1958), química y cristalógrafa quien es la autora de las famosas imágenes de difracción de Rayos X que revelaron la forma de doble hélice de la estructura del ADN. Una grande opacada por el sexismo de la época. El último ejemplo es Jocelyn Bell (1943-) la astrofísica que descubrió la primera radioseñal de un púlsar, el descubrimiento le hizo merecedor a su director de tesis del premio nobel, del cual ella fue excluida.

La lista podría seguir, pero cabe decir que el acceso a una carrera universitaria no fue un tema de fácil decisión, como lo decía el decreto de la Universidad de Bologna, “Ya que la mujer es la razón primera del pecado, el arma del demonio, la causa de la expulsión del hombre del paraíso y de la destrucción de la antigua ley, y ya que en consecuencia hay que evitar todo comercio con ella, defendemos y prohibimos expresamente que cualquiera se permita introducir una mujer, cualquiera que ella sea, aunque sea la más honesta en esta universidad” (1377)1

No sólo pasaba en la Universidad de Bologna, las universidades se crearon para instruir a hombres y si alguna deseaba entrar (si estaba de suerte), la admitían de manera excepcional y muy restringida (sin derecho a entrar a la biblioteca o sin derecho a ser investigadora legal de la universidad). Sólo hasta el siglo XIX se reglamentó, en varias universidades, el ingreso a personas del género femenino, muchos al ver el cambio histórico y la necesidad cada vez más creciente de las mujeres por instruirse, comenzaron a crear institutos exclusivos para mujeres donde muy tranquilamente y lejos de los hombres pudieran aprender las profesiones que les comenzaban a ser permitidas.

Desde 1377 hasta hoy esa situación no ha cambiado demasiado, aunque en muchos países los derechos están concedidos, la restricción social permanece; deben aguantar el sentir día a día de que se encuentran invadiendo un mundo de hombres. No obstante, algunos pudieran ser sensatos, a muchos aún no les cuadra la idea de que una mujer se destaque en el mundo del conocimiento; como todos los problemas de género los hombres también son víctimas. Para algunos, la situación puede ponerse de tal gravedad que su autoestima disminuye drásticamente si una mujer logra hacer algo que él no. Ya por algo nos enseñaron la expresión “no sea niña” donde evidentemente ser niña (o mujer) es ya caer muy bajo.

Continuará…

Por: Jennifer Grisales

1 El acceso de las mujeres a la educación universitaria. Alicia Itatí Palermo, Universidad Nacional de Luján. Revista argentina de sociología. http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-32482006000200002

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