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El día de la mujer valiente y trabajadora

Por: Dunia Oriana González Rodríguez

“Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”. Mary Wollstonecraft.

“¡Enarbolad la bandera de la igualdad, mujeres! ¡Luchad por vuestros derechos y contad con mi leal colaboración!”. Louisa May Alcott.

“No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Virginia Woolf.

 “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”. Simone de Beauvoir.

La idea del Día Internacional de la Mujer germina en los inicios del siglo XX, en el contexto de la Segunda Revolución Industrial y la Primera Guerra Mundial, cuando se incorpora la mano de obra femenina masivamente a la industria, específicamente textil. Yo propongo celebrar el 8 de marzo como el día de la mujer valiente también, porque hay que tener muchas agallas ahora y siglos atrás para defendernos de las garras de lo predeterminado, para decir lo que nos obligaron a callar y sobre todo para luchar por nuestros derechos, convicciones, sueños y libertad.

Y debo reiterar en este punto que las condiciones de trabajo eran peligrosas y malsanas, y que por estas razones muchas mujeres decidieron protestar. Muchas manifestaciones y huelgas se originaron en diversas partes del mundo; y se conocen en los casos como el incendio de la fábrica de Nueva York el 25 de marzo de 1911, en el que murieron 123 mujeres y 23 hombres; caso renombrado por el hecho de que la mayoría de mujeres eran inmigrantes de 14 a 48 años, mujeres muy jóvenes, que definitivamente estaban buscando una oportunidad de “vivir dignamente”.

No por esta tragedia se conmemora este día, sino porque esta se sumó a las protestas de un grupo de mujeres aguerridas que se encabezó en Viena (1911) y San Petersburgo (1913), en el que no solo pedían reducir la jornada laboral a 10 horas, sino que también estaban exigiendo la posibilidad de votar y de poder tener tiempo con sus hijos recién nacidos sin perder sus trabajos y sus derechos, entre otros (pedidos muy actuales, por cierto).

Estas manifestaciones y tragedias lograron crear en las mujeres trabajadoras la posibilidad de agruparse y ser amigas y constituir sindicatos que les permitieran mejorar las condiciones laborales y de vida; porque en ese tiempo no era solo el excesivo trabajo y mal pago sino estaba el acoso sexual, las violaciones,  malos tratos, etc., como se retrata en las películas Las Sufragistas (2015), En Tierra de hombres (2005), Memorias de Antonia (1995), El color púrpura (1985), por mencionar algunas.

Aún hoy, esta celebración es usada para otros fines por el sistema económico y político y por la cultura machista para mantener estereotipos femeninos que van en detrimento de lo que las mujeres han logrado. Es por esto que la la intención de este artículo es invitar a mujeres y hombres a reflexionar sobre nuestras propias condiciones, educación, violencia y maltratos que hemos sufrido o la fortuna de no padecer de ellos y empecemos a hacer un feminismo práctico, es decir, apoyarnos entre mujeres para vencer las barreras con las que nos han educado.

Es imperativo tener el valor de mirar nuestra historia y agradecer  a las mujeres que se atrevieron a romper el silencio cuando fueron víctimas, a creerles en principio, a ayudarlas y, por encima de todo, a aprender los mecanismos de defensa legal necesarios para que un caso, cualquiera que sea de violencia, pueda alumbrarnos la historia de dolor y sufrimiento que muchas han vivido en silencio y soledad.

Este día es significativo solo si nos esforzamos en hacernos conscientes del sistema en el que habitamos y en la esperanza de querer cambiar aquello que atenta contra la vida digna, contra nuestros derechos básicos como decidir sobre nuestro cuerpo y sexualidad.

Vamos a honrar a todas las mujeres de la historia que nos han permitido estar aquí a las nuevas generaciones con mejores condiciones. Vamos a honrar nuestro linaje siendo valientes, fuertes, independientes, trabajadoras, amorosas, felices, satisfechas y libres para compartirlo con otras mujeres, en una cadena tejida con respeto, admiración y compasión. Vamos a volvernos valientes y capaces, si nos apoyamos y si guardamos nuestra historia viva en la memoria.

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