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El fenómeno discursivo de Gustavo Petro

Por: Laura Cristina


El pasado jueves, 17 de mayo, fue el cierre de campaña de Petro en Bogotá y con la etiqueta #ElDiscursoHistóricoDePetro no solo colapsaron las redes sociales sino también las calles del centro de la capital del país. Durante todo el día seguidores, detractores y todos los espectadores vieron con gran asombro el poder de esta convocatoria y la admiración por la historia que está haciendo esta campaña presidencial, tanto que algunos periódicos llamaron “La noche en la que Petro retó al establecimiento llevando una marea a la plaza de Bolívar”1.


La decisión de Petro de tener como lugar de encuentro las plazas de muchos rincones de Colombia, es decir, reunirse con el pueblo, en vez de hacer reuniones cerradas con las élites regionales (como fue decisión de otros candidatos) surtió efecto, porque la gente se sintió valorada y en el cierre de campaña fue la confirmación de este hecho. Dicha decisión estuvo de la mano de la participación en la mayoría de debates, sobre todo los más importantes como el de los niños (único en asistir), el de las mujeres y el de los jóvenes internautas (#LasMujeresPreguntan, #YoutubersVsCandidatos), donde solo asistieron tres candidatos (Petro, Fajardo y De la Calle) como también a los más mediáticos (TeleAntioquia, RCN, Caracol, Semana, ElTiempo, entre otros).

La puesta en escena de Petro en la tarima de las plazas de Colombia es un cuadro que se asemeja a lo que la campaña llamaría: humano. Quienes lo acompañaron (y así en muchas más plazas) siempre fueron símbolos de lo que Petro propone en su programa de gobierno. El jueves, en el cierre de campaña se encontraba junto a Francia Márquez, ganadora del premio más importante en medio ambiente en el mundo, el Goldman Enviroment 2018, por su lucha contra la extracción de oro en el Cauca y a su vez por la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y afros de la región. También se encontraban junto a Gustavo Petro César Pachón, campesino, ingeniero agrónomo y líder de Dignidad agropecuaria, movimiento que lucha desde hace varios años por la defensa de la soberanía alimentaria de Colombia. Asimismo, lo acompañaban Aída Avella, símbolo de los sobrevivientes del exterminio del partido Unión patriótica, así como María José, hija del asesinado candidato a la presidencia por el partido Alianza Democrática M-19, Carlos Pizarro LeónGómez. Y a su alrededor, su familia, la candidata vicepresidencial Ángela María Robledo, David Racero representante a la cámara electo, varios niños y niñas, la guardia indígena Nasa, Totó La Momposina, entre otros. En el cuadro humano están los que luchan por una Colombia mejor desde sus lugares: el medio ambiente, la política, la música, la diversidad, los territorios.

Esa puesta en escena colinda con la imagen de sí que proyecta Petro en la tarima. Esta deviene de un imagen construida previamente, en este caso en Bogotá como alcalde, que para muchos es la imagen del hombre que logró reducir la brecha entre las clases sociales brindándoles oportunidades educativas, de salud, de cuidado a la primera infancia, de rehabilitación del consumo de sustancia psicoactivas, de trabajo para los recicladores, entre muchas otras acciones en pro de las clases menos favorecidas que por siempre han sido discriminadas en la ciudad capital. Esa imagen previa construida, la de un hombre que defiende y lucha por los derechos de los “sin oportunidades” hace que la imagen que proyecta sea para muchos creíble, es decir, le da un peso de veracidad.

Su programa, llamado #ColombiaHumana describe una situación de desdén con las clases populares por parte de las élites que han impedido el progreso de la sociedad, que no han permitido, por ejemplo, que se construyan las vías férreas ni tampoco construye vías de acceso terrestre de calidad. El discurso de Petro pone en evidencia esa radiografía social la mezquindad de los dueños del poder político y económico que por siglos y cargada de corrupción ha hecho que Colombia, según el Banco Mundial*, sea el 2º país más desigual de Latinoamérica y el 7º más desigual del mundo, lo que significa que en Colombia el 10% de la población más rica del país gana cuatro veces más que el 40% más pobre.

Es así como la identidad de Petro no solo se basa, como dicen muchos, en la alteridad, es decir, en el otro, como cuando critica a Uribe o recuerda muchos de los males que tiene el país en cuanto al bienestar de los ciudadanos, como por ejemplo: el aumento de la jornada laboral, la eliminación de las horas extras, el alza en los impuestos, la ley 100 que convirtió la salud en un negocio en el cual miles de personas mueren frente a los hospitales por falta de atención. Es decir, Petro no se construye únicamente como lo han querido hacer ver como AntiUribe. Petro construye su identidad también a partir de sus propuestas. No se puede negar que fue Petro quien puso sobre la mesa el tema del alejamiento del petróleo y el carbón, así como la transición hacia las energías limpias, tampoco que él fue quien puso en el debate las vías férreas como proyecto de desarrollo.

A partir de ahí el tema del medio ambiente estuvo enraizado en la agenda de los demás candidatos y mencionado en todos los debates y discusiones públicas sobre las elecciones presidenciales. Su discurso también se ha basado en la emoción, pero muy a diferencia de lo que plantean sus contradictores su campaña con un logo de corazón y cuyo lema es: la política del amor se aleja bastante lo que han intentado inocular como el extremismo o el odio. De hecho, el planteamiento hoy por hoy del centro es mostrar a Petro tan o más extremista que Duque y decir que no hay que votar con miedo ni con odio. Y de hecho, Petro fue el primero usar el lema de la esperanza en su discurso, y los jóvenes que impulsan su campaña desde los estudiantes universitarios, los colectivos regionales, agrupaciones sociales entre otras ven en Petro una esperanza para que Colombia cambie, de un paso hacia la humanidad, donde se silencien los fusiles que nos han mantenido en guerra por más de medio siglo (eso sin contar las guerras anteriores).

Sí, Petro emociona en las plazas no solo a quienes asisten sino a quienes lo vemos por internet y es que ver a un candidato que no sea del establecimiento hablando en plaza pública nos recuerda a quienes como él lo han hecho en el pasado y las balas los han silenciado: Gaitán, Galán, Pardo Leal, Pizarro, Jaramillo Ossa, candidatos presidenciales asesinados en Colombia porque su forma de pensar no se adecuaba al discurso de las élites y ofrecían justicia social. Además, el discurso de Petro que recuerda la historia, contextualiza los problemas más profundos de Colombia, los planteamientos para solucionarlos y la reconciliación como herramienta evidencia el conocimiento que tiene del país y es catalogado por sus interlocutores como un “man pilo”, el candidato màs inteligente, capaz y sobre todo decidido a lograr un cambio. De manera que la identidad que construye en su discurso articula, desde la perspectiva retórica del argumentación, los tres elementos: la emoción de la esperanza que ofrece para frenar la guerra, el carácter de un gobernante con experiencia y el conocimiento del estado, su elocuencia en su presentación de si muestra una clara sintonía con su auditorio, un público plural sin distingo de raza, género o clase.

El discurso de Petro también contiene un elemento que ha sido muy criticado por algunos y es sus metáforas con el faraón y las aguas. Petro incluye en su discurso una constante alusión a lo sagrado: las sagradas escrituras, el rosario que lleva en su muñeca, su creencia en Dios y su práctica otrora de la teología de la liberación. Estos elementos cumplen la función de darle un carácter más humano al candidato y al mismo tiempo de acercarse a los votantes, pues muestra una parte íntima de su vida. Pero la crítica de los medios específicamente fue cuando Petro escribió en su cuenta de Twitter y más tarde lo dijo en la plaza de Bolívar: “Y había un pueblo que decidió escapar de la esclavitud, de la desigualdad y la violencia de cinco siglos y huyó del faraón hacia la libertad y quedó entre el mar y el gran faraón que venía atrás cortando cabezas y decidió partir las aguas. Eran las agua de la historia”, esta metáfora en la que Petro utiliza el pasaje bíblico del Éxodo para, a modo de analogía, comparar al pueblo esclavo con el pueblo colombiano que huye, los primeros del faraón que cortaba cabezas y los segundos de quienes gobiernan tradicionalmente. Porque de lo que escapan ambos pueblos es de la esclavitud, la desigualdad y la violencia.

Esta huida, entendida en la metáfora que usa Petro, permitiría de acuerdo a su relato que las aguas de la historia de Colombia se dividieras en un antes y un después. Que él ganara sería un hecho histórico, que en este momento ningún analista se atreve a afirmar, porque vencer a toda la maquinaria2 , en términos claros: la corrupción, parece imposible. De hecho que pase a segunda vuelta sigue estando en duda, a días de abrirse las urnas en Colombia. Frente a los comentarios que han hechos su críticos, la alusión que hace Petro sin duda es a la acción de pueblo, a la decisión del mismo de huir de una sociedad hostil y sin oportunidades, en ningún momento menciona a Moisés, por lo que no hay una referencia directa entre él y personaje bíblico. La analogía no se construye sobre la base de un hombre que parte la aguas sino de la decisión de un pueblo que actúa y cambia la historia.

Y no es una exageración, cuando Petro utiliza la metáfora de la “esclavitud” con las condiciones laborales que tienen los colombianos: sin salarios dignos, sin horas extras, con contratos a tres meses, sin seguridad social, etc., sería una “neoesclavitud” a la que se suma el hecho de que Colombia se ubica en el puesto 12 en los niveles de violencia en el mundo3 después de Libia. Entonces, esta metáfora bíblica, pasando por los demás elementos religiosos que menciona en su discurso, como que cursó su secundaria en un colegio lasallista y allí le enseñaron que la razón del ser humano era el servicio, sobre todo el servicio para los más necesitados, entre otras menciones, configuran un discurso fundador, constituyen un discurso de un nuevo comienzo.

El discurso de Petro pretende fundar un discurso alternativo, que no se reduce a la denuncia sino que pasa a un plano de lo fundacional donde evidencia a un pueblo cansado que ya no aguanta más la explotación y en ese sentido su proyecto, la #ColombiaHumana, viene a transformar esas malas prácticas clientelistas de las que se ha llenado el ejercicio de la política recuperando así la esencia de la Constitución de 1991, donde se le otorgaron a los ciudadanos deberes y derechos que, según su discurso, no se cumplen en Colombia.

A diferencia de otros discursos que pretendían ser fundacionales, no utiliza elementos patrióticos como las fuerzas militares, que sería un discurso más de corte nacionalista, o elementos como la veneración a la bandera y objetos semejantes. Sus referencias a políticos denominados caudillos como Gaitán, no necesariamente lo convierten en un mesías como sus críticos lo han hecho ver. Al contrario, su discurso siempre habla de un trabajo colectivo, de hecho su proyecto se denomina #ColombiaHumana, es todo un país el que debe dar paso a un trato más humano, a dejar la guerra atrás y concentrarse en construir una sociedad decente, reconciliada, lo que él llama la política del amor, que no es otra cosa sino la humanización de los territorios, donde se incluyan a todas las comunidades: indígenas, afros, rom, mujeres, niños, niñas, trabajadores, discapacitados, etc., su propuesta es el ejercicio de la democracia donde todos puedan participar sin distingo.

En síntesis, la convocatoria de Petro y el alza en las encuestas a lo largo de toda la campaña ha resultado para muchos “el palo del reinado” porque fue un suceso inesperado. Desde noviembre del 2017 los analistas le empezaron a poner techo a Petro adjudicándole solo los votos de un mínimo sector de la izquierda, luego, poco a poco de toda la izquierda, luego la Colombia profunda, luego de los jóvenes, luego el de muchos del centro, hace unos días de un grupo de liberales y conservadores y ahora el voto de los indecisos, el que se termina jugando esta última semana de campaña. Porque pasar de 7% de los votos, al 12%, luego al 19% y así hasta hoy bordear el 36% y darse casi como fijo en la segunda vuelta, es en definitiva, el palo de la elección. Todos los analistas boquiabiertos ven como Petro rompe todos los techos y sigue en alza.

También, ante la mirada de sus contendores políticos que últimamente los une señarlo con el dedo índice de ser un peligro, un extremista, evidentemente ese discurso cala muy poco, porque los hechos ofrecen una mirada distinta, ofrecer salud y educación para todos, una visión de cambio no es un extremo ni un acto populista, es progreso, se llaman equidades de las que ya disfrutan los países de la región: Argentina, Brasil, Ecuador… y por supuesto los del primer mundo, no es un imposible es una apuesta por la paz y el desarrollo. Una sociedad no se desarrolla si no está educada y saludable, es un hecho.

2 En Colombia “maquinaria” es el término eufemista que usan para referirse a los puestos clientelistas que tanto en la capital como en las regiones los políticos locales entregan puestos de trabajo en entidades públicas a cambio de votos, eso sin contar con que dan literalmente dinero, mercados, almuerzos, cupos en colegios entre muchas oras dádivas. Cuando los puesto son a políticos del Senado o de la Cámara se le llama ahora “mermerlada”.

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