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¡Haciendo patria, maestro!

Hace décadas Colombia ha incluido a los militares hasta en el plato de la sopa a tal punto de haberlos denominado héroes. Recuerdo cuando era niño en los años 90 y jugaba cerca del trabajo de mi papá, en el paseo del comercio de Bucaramanga, estar rodeado de la PM (Policía Militar) que eran o son en esencia militares con sus fusiles en el centro de la ciudad.

Ya en la secundaria, en algunas ocasiones, cuando salíamos del colegio estaban los militares pidiendo papeles a los estudiantes que tenían más de 18 años, es decir, reclutando jóvenes para la guerra. De hecho, en 11 grado fueron a dar conferencias de las infinitas ventajas de pertenecer a las fuerzas armadas, ya había empezado la primera década del siglo XXI y con ello dejaron de llamarse militares, torturadores y asesinos para pasar a ser héroes de la patria.

Luego, fui a estudiar a la Universidad Industrial de Santander (UIS) muy cerca de la Quinta Brigada. A esta altura me pregunto si era yo el que los quería seguir o eran ellos. Luego recuerdo que ese batallón fue puesto ahí por el Gral. Álvaro Valencia Tovar (investigado por colaborar con la dictadura Argentina) para vigilar de cerca a los “subversivos” estudiantes de la UIS. Fue en esa misma década cuando el Estado colombiano en cabeza de Álvaro Uribe Vélez decidió que había que darle un puesto importante a los militares y policías en la sociedad e hizo todo un despligue propagandístico en radio y televisión sobre la figura heróica y salvadora de los militares. Fue también esa la misma década en la que las fuerzas armadas le dieron paso a los paramilitares para hacer el trabajo sucio que luego ellos legalizaban, así llenaron el país de masacres y desplazamientos como los de Barranca-Santander en nombre de la lucha contra el enemigo interno, todo esto dentro del Plan Colombia financiado por EE.UU.

En esta aventura militarista se embarcaron más de 50 Congresistas de la República que estaban a órdenes de Vicente y Carlos Castaño hasta renombrados académicos y rectores de universidades. Uno de ellos fue Jaime Alberto Camacho Pico que fue convertido en rector de la UIS en el año 2006 y a cambio hizo descarada publicidad a favor de la reelección de Uribe con la campaña “Sin la U no hay futuro”, casualmente ese mismo año se lanza el partido de la U de Uribista.

Otro de los favores de Camacho fue darle en el año 2007 una lista de estudiantes al grupo paramilitar Águilas Negras para que fueran ajusticiados por causar desórdenes en la Universidad. En un país democrático, como dicen que es Colombia, este señor estaría en la cárcel pero en el nuestro, Camacho desde que terminó la rectoría se refugió como director del Parque Tecnológico Guatiguará donde su máximo logro fue intentar vender los terrenos hace dos años a la constructora de su amigo personal Hugo Aguilar, condenado por parapolítica.

En la actualidad, los militares controlan gran parte de nuestra vida a tal punto que controlan el espacio aéreo en todo el sur del país donde prácticamente no existen vuelos comerciales, por lo que son ellos quienes hoy le llevan las ayudas a lo habitantes de Mocoa. Debe ser paradójico ver a los mismos que desde hace a décadas solo han llevado muerte y balas ahora “ayudando” o mejor militarizando, aun más, sus vidas. Parece que las soluciones en Colombia vienen con un fusil debajo del brazo, pues son los militares los que desbloquean derrumbes, hacen jornadas de vacunación y hasta desparasitan perros en los parques. Debe ser porque tienen que justificar el 25% del presupuesto nacional y poner muertos, torturas y desparecidos ahora no se ve bien en un informe.

Quiero terminar diciendo que el atún y el agua que mandan a Mocoa no soluciona nada, tampoco lo hace las lágrimas las en redes sociales. Lo que necesita Mocoa es que hagan rápidamente muros de contención cerca en la zona de influencia de los ríos y reconstruyan la ciudad en lugares seguros para sus habitantes. Con el precio de un helicóptero, de esos que tienen las FFMM basta y sobra para hacer estas obras y construir un mejor futuro a nuestros compatriotas.

 

Por: Liber Arce

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