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Jorge Eliecer Gaitán, Memoria y organización popular

“Yo no creo en el destino mesiánico o providencial de los hombres. No creo que por grandes que sean las cualidades individuales, haya nadie capaz de lograr que sus pasiones, sus pensamientos o sus determinaciones sean la pasión, la determinación y el pensamiento del alma colectiva”.

Jorge Eliecer Gaitán

El periodo denominado La Violencia enmarca en Colombia una de las etapas más deplorables en la construcción de la República. El tiempo transcurrido desde 1946 hasta 1958 es considerado como el de mayor auge y convulsión de la política contemporánea colombiana debido a los altos niveles de criminalidad que se presentaron. Sistemáticamente se ha querido exponer que la confrontación fue una lucha entre dos partidos políticos por creencias ideológicas, conservadores y liberales. Esta hipótesis tradicionalmente planteada muestra una imagen sesgada del problema real que se presentaba en aquel periodo.

El punto de quiebre se da con la introducción del proceso capitalista que se desarrolló en el país entrado el siglo XX y que fue posible debido a la consolidación de un bloque político represivo y excluyente. A eso se suma que, la modernización en Colombia no tuvo visos de democracia y la constante avenencia entre los sectores terratenientes, industriales y empresariales dejó como beneficiarios a quienes conducían la producción económica del país.

Simultáneamente, a la consolidación de la Élite política colombiana, Jorge Eliécer Gaitán organizaba la resistencia con los sectores excluidos de la sociedad para buscar participación. El afianzamiento del Gaitanismo se vio reflejado en la derrota electoral que sufrió la oligarquía liberal-conservadora en las elecciones de 1947 para el Senado, la Cámara y los Consejos Municipales, donde las listas conformadas por el Gaitanismo obtuvieron los mejores resultados. Sin embargo, el principal cargo del país era ostentado por un ingeniero, perteneciente a una tradicional familia minera. Mariano Ospina Pérez inició la sistemática persecución política contra los Gaitanistas en el territorio nacional. Gaitán resumía la situación con las siguientes palabras: “Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia”. Pero esa Colombia era solo la élite.

De ahí, que la oligarquía supiera que si Gaitán asumía la presidencia respaldado por el movimiento que estaba organizando, el sistema delegatario sería transformado por un sistema de participación donde los sectores populares asumieran el control político del país. “Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general.” Sin embargo, tras el homicidio de Jorge Eliécer Gaitán y la metódica persecución de la Élite tradicional, el Movimiento Gaitanista se vio en la necesidad de conformar grupos de resistencia armada para protegerse de la constante hostilidad oficial.

Así, todas las observaciones anteriormente mencionadas se relacionan con la temática que actualmente vuelve a marcar la historia política del país. El reconocimiento que realiza la Élite liberal sobre la culpabilidad en la formación y propagación de La Violencia abre la posibilidad para poder comprender dicho proceso político. Sin embargo, la Oligarquía Conservadora sigue expresando la mezquindad y la demagogia para mantener el nerviosismo e incertidumbre, tal como lo establecieron en la década de los cuarenta y principio de los cincuenta. La posibilidad de suprimir la violencia en las formas de hacer política, abriría espacios para la consolidación de diferentes expresiones políticas. No obstante, LA PAZ no es la desmovilización de las Guerrillas (FARC-EP / ELN), estos acuerdos brindarían un respaldo para poder ejercer el derecho a gobernar.

Entonces, solo le resta al poder alternativo en general, la organización de los sectores excluidos, quienes han resistido heroicamente durante tantos años (campesinos, indígenas, afros, mestizos). Por ello, la polarización ideológica impuesta por la Élite política colombiana en La Violencia, no se puede volver a repetir. El pueblo colombiano debe comprender que no es un problema de presidentes (individuos), sino la posibilidad para empezar un proceso de construcción colectiva, donde lo más importante sea la edificación de una CULTURA POLITICA que enseñe a las comunidades que “el pueblo es superior a sus dirigentes”

 

No somos cobardes. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas

para salvar la paz y la libertad de Colombia!

 

Por: Jeisson Palacios Robles

Nieto de la Resistencia Gaitanista

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