Género Todas

La dicha que nos fue negada

Por: Jennifer Grisales

“Tres cosas ocurren cuando hay mujeres en el laboratorio…Te enamoras de ellas, se enamoran de ti y cuando las criticas, lloran”
Tim Hunt, Nobel de Medicina. Conferencia Mundial de Periodistas de Ciencia, Seúl (1)

Lo dijo mientras proponía laboratorios separados para hombres y mujeres luego de argüir los muchos problemas que según él existen al hacer investigación con esas personas del género opuesto. Tal vez algunos lectores verán como cierta la frase anterior, otros sentirán indignación; el hecho es que en definitiva, tal declaración deja en evidencia una incómoda situación de subestimación laboral inclusive en el entorno científico. ¿Por qué si hemos ganado tanto espacio en muchos aspectos de la vida siguen pasando cosas como estas?

Analizar esta condición parece mucho más difícil en el presente frente a una gran cantidad de ideas, argumentos y hasta chistes cotidianos que se mofan y desprestigian la lucha por la igualdad y el reconocimiento de la mujer en la sociedad hasta el punto de llamar feminazi a todo aquel que mencione el problema de género en su discurso. Argumentos que nos hacen creer que la lucha de la mujer por sus derechos acabó cuando se les permitió ser ciudadanas en la sociedad o cuando se les permitió estudiar cualquier carrera en la universidad.

La lucha de la mujer está lejos de acabar, hoy, en los países donde en el papel deberíamos ejercer los mismo derechos, no somos más que las “pobrecitas” del paseo y todos los programas sociales de inclusión parten de este hecho que no es mentira pero claramente trata de atacar no las causas de la violencia o la discriminación sino las consecuencias.

Por eso, si bien hay muchas batallas ganadas, nuestra lucha es una sola. Pero, ¿contra quienes luchan las mujeres? Aunque muchos piensen que es contra los hombres, no es así. La lucha es contra la estratagema social que nos hereda los roles desiguales y la ventaja social del varón como dueño de las relaciones de poder, el famoso Patriarcado, herencia obsoleta que ha dejado una huella imborrable en la historia de la humanidad; ha dejado a la historia sin mujeres.

Esta peculiar forma de organización social ha establecido los paradigmas con los que nos relacionamos los unos con los otros y los papeles o roles que desempeñamos en la sociedad, donde cada ser que nace de acuerdo a su sexo (pene o vulva) le son determinadas ciertas funciones que se nos muestran como naturales esas, al parecer, pequeñeces. Estas son las que hacen que hayamos establecido el rosa para niñas y el azul para niños; bebés, cocinas, traperos y escobas de juguetes para niñas y rompecabezas, juegos de pensamiento, carritos entre otros para niños, desde pequeños no sólo se construye nuestra personalidad, sino también se establecen los límites hasta los cuales dentro de nuestro rol debemos llegar.

Paradigmas que van aún más lejos, limitan el acceso a la educación a millones de niñas, las casan forzosamente a temprana edad (cada siete segundos una niña menos de 15 años es obligada a casarse (2)), son mutiladas, violadas, amenazadas, hasta aisladas cuando menstrúan interrumpiendo sus actividades diarias y arriesgando su vida (3) toda esta cantidad de cosas no le sucede a unas cuantas, le suceden a millones en el mundo y les dejan marcas imborrables para siempre.

A pesar de todas estas atrocidades que están ocurriendo inclusive en este momento, mientras usted lee, hay muchas que a pesar de las adversidades intentan y logran construir un futuro con sus propias manos y pegar un salto contracorriente en un río que las arrastra al olvido histórico y la subestimación. Algunas de esas niñas crecen y deciden volverse científicas, escogen un camino históricamente dominado por hombres con alguna otra luchadora que supo aguantarse los: “¿Por qué no estudia algo más fácil?”, “las matemáticas no son sexys”, “lástima tan bonita que es y no usa lo que tiene”, “ella no sabe nada, el novio debe hacer sus deberes” y la cantidad de chistes sexistas que una estudiante de ciencias puede escuchar con un altísimo porcentaje de profesores y compañeros varones. El campo científico también tiene un problema de género amarrado a la estructura social, es por eso que la ONU, decretó el día internacional de la mujer y la niña en la ciencia (11 de febrero), por ejemplo.

Virginia Woolf, famosa e importante escritora inglesa dijo alguna vez “una mujer necesita dinero y un cuarto propio para hacer ficción”(4), me atrevo a parafrasearla diciendo que para que una mujer haga ciencia necesita lo mismo, esto porque para tener mentes libres, las mujeres debemos tener independencia, no necesitamos ser las víctimas si nos educan a todos desde pequeños a vernos de igual a igual, sin estigmas.

Hasta el día de hoy, podemos decir, que la ciencia ha perdido posiblemente cientos de años de avance, hemos trabajado con la mitad del talento humano, ¿tendríamos ya la cura del cáncer? ¿tendríamos ya mejores sistemas energéticos y menos nocivos? Jamás lo sabremos porque el pasado no es modificable y en él no hubo espacio para nosotras. Por años nos han negado la dicha del conocimiento.

Por lo tanto enfrentamos un presente adverso en la ciencia, lidiando aún con personas como Hunt, haciendo ciencia sin dinero y sin mujeres, mejor dicho, a media marcha. Y es que no estamos en un mundo muy distinto al de Woolf, talento para la escritura a quien no le permitían ingresar a la biblioteca de su universidad si no llevaba el permiso de su tutor, sólo por ser mujer (4). Aún nos niegan la entrada a la biblioteca de la misma manera como se la negaron a ella por medio de nuestra obsoleta educación, porque ella en su época y nosotras en la nuestra, aún somos sólo excepciones a la regla.

Con este presente queda mucho por hacer, el futuro será de todos y la dicha de construirlo también.

Referencias:
(1) http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/06/150610_premio_nobel_comentario_mujeres_machismo_aw

(2) https://www.savethechildren.es/notasprensa/cada-siete-segundos-una-nina-menor-de-15-anos-se-casa-en-el-mundo

(3) http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-38391898

(4) Un cuarto propio, Virginia Wolf

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