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Luchas y resistencias territoriales: reivindicaciones en Colombia y Argentina

La economía de mercado ha venido impulsando una voraz explotación de recursos naturales en todo el mundo. Por medio del extractivismo, es decir, la apropiación de grandes volúmenes de recursos naturales bajo procedimientos intensivos donde la mayoría son exportados a mercados internacionales. Esto es, mecanismos como la megaminería a cielo abierto, plataformas petroleras o monocultivos como la palma de aceite o la soja son propios de la profundización del sistema capitalista anclado en la globalización. Latinoamérica es hoy blanco de estas explotaciones indiscriminadas al ser poseedora de materias primas apetecidas en otras latitudes. El extractivismo como modelo de desarrollo de nuestros países impacta de forma negativa en territorio generando una destrucción ecológica total además una desintegración del tejido social pues las comunidades locales se desplazan hacia las ciudades lo que amplia las ya existentes brechas de desigualdad social.

El impacto negativo es tal que todo se resume en optar por la vida o la muerte. Porque “la evidencia muestra que no existen extractivismos de esta intensidad que sean amigables ni con la sociedad ni con el ambiente”1. Entonces, decidirse por la defensa del territorio es un gran acto de dignidad. Es por ello y a propósito del reciente triunfo de las ciudadanías en resistencia en el departamento de Boyacá-Colombia, que gracias a la presión y a la movilización lograron (por ahora) frenar la fase de exploración de hidrocarburos no convencionales en Boyacá, se reafirma la importancia y la necesidad de ampliar los mecanismos de participación y consulta ciudadana.

Sin embargo, el proyecto de ley recientemente presentado en el congreso de la República por el partido Cambio Radical bajo la idea tendenciosa de “evitar el abuso del mecanismo de consulta previa”2 pretende limitar la participación con la que cuentan hoy las ciudadanías y casi que exclusivamente los pueblos indígenas y afrodescendientes para tener voz en un país que se dice ser democrático. Contrario a lo que plantea este proyecto, las consultas populares deben ser totalmente vinculantes y extendidas a todos los sectores de la población, deben garantizar que la población tenga voz en las decisiones que se tomen sobre los bienes naturales de los territorios, así como la constitución colombiana lo demanda.

Otro ejemplo de resistencia sucedió también recientemente en Misiones-Argentina. Miles de campesinos y campesinas reclaman por la tierra y su derecho sobre ella y por medio de actividades coordinadas como cortes de diferentes rutas provinciales y nacionales han logrado que el gobierno les escuche y tome acciones frente a sus reclamos. La situación de precarización de estas comunidades es alarmante dada la profundización de las políticas neolioberales del gobierno de Cambiemos. Se han disuelto varios ministerios de los cuales dependen la Subsecretearía de Agricultura familiar, se ha recortado el Monotributo Social Agrícola (MSA) y los cientos de empleados que han sido despedidos sin causa alguna dejando a los campesinos de los territorios profundos sin aportes a jubilación, sin facturación de sus mercancías, sin técnicos que apoyen sus prácticas productivas.

La universidad pública, en este caso la Facultad de Agronomía UBA, hizo presencia recientemente en el territorio de Misiones y acompañó las luchas campesinas. Esto demuestra la importancia de la relación que se debe establecer entre los centros del saber y el espacio social, la reciprocidad en el intercambio de conocimientos que poseen las comunidades en sus diferentes territorios y los conocimientos adquiridos en la academia por los estudiantes. Estas relaciones forjan así un sólido intercambio entre clases, disminuye las brechas culturales y desmitifica la lejanía de las ciudades con el campo.

Como ciudadanías libres nos hacemos partícipes de las constantes y organizadas luchas llevadas a cabo los diversos territorios de América Latina, visibilizamos su importancia lo que nos da un ejemplo clave de solidez comunal y la total certeza de que los mecanismos de participación ciudadana reivindican a las comunidades, no sólo por el derecho a decidir sobre su territorio y sus elementos naturales, sino también el respeto a su cultura y sus propias maneras de habitar su entorno. Los territorios le pertenecen a quienes los habitan.

Mario Ocampo y Claudia Bermúdez

Colectivo Ciudadanías Libres por la Colombia Humana

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