Género Todas

Por la vida, aborto legal ya

Por: Sergio Contreras Perugache.

La evidencia científica es irrefutable”. Pensaría uno que es una frase amiga de la libertad de conciencia de las mujeres, pero no, viene de la Agencia Informativa Católica Argentina reproduciendo apartes de la intervención del doctor PRO vida Abel Albino el 17 de Mayo al tomar la palabra en las comisiones de Senado que trataban el tema del aborto en la Argentina.

Y es que el doctor Abel es un férreo agitador del pañuelo azul, defensor igualmente de la virginidad hasta que la mujer esté “preparada” para entregársela al hombre, enemigo de lo que para él es promiscuidad y del sexo antinatural; para entender el concepto: las prácticas sexuales orales y anales y el descontrol de los pobres que “realizan un ejercicio de la sexualidad promiscuo y animal”; entiende uno por qué es PRO, pero sin vida.

El doctor Albino prosigue: “para que exista un aborto debe haber una madre que autorice que a un niño se lo despedace dentro de ella”. Me pregunto entonces, para el señor que asesora al gobierno Macri en temas de salud, ¿son solo las mujeres en situación de marginalidad -por el sistema- las que abortan? ¿la promiscuidad es cuestión de pobreza? ¿las ricas no abortan, o no se cuentan? Diríamos que las mujeres de los sectores olvidados y relegados son las desalmadas que autorizan “despedazar” al niño que llevan dentro? Cada cual tomará posición.

En la misma sesión el senador del partido Colorado, la derecha uruguaya, asegura que “el aborto se banalizó con la ley y se terminó convirtiendo en el método de planificación familiar de los pobres”. Vamos entendiendo las posiciones, queda claro el odio de clase. La lideresa cristiana de Tucumán, Ana Valoy, soslayando la decisión sobre el cuerpo de cada quien y la libertad de conciencia de las mujeres para gobernar ese cuerpo, su territorio, afirma: “ni siquiera para los violadores hay pena de muerte, pero para los hijos que engendran, sí”

¿Dónde está la evidencia científica? Intervenciones todas con alto tinte moral que no evidencian mayor argumento, que no pasan de simples prejuicios, creencias religiosas y opiniones sin mérito para el debate.

Vamos a lo evidente, a lo que duele y nos empuja en este momento histórico a caminar por los derechos de las mujeres y la autodeterminación. La mortalidad materna es la principal causa de muerte de mujeres en edad fértil en los países en desarrollo, la inmensa mayoría de esas muertes son evitables, evidenciando la desigualdad sanitaria, asegura Alejandra Zuñiga Fajuri, de la Universidad de Valparaíso en su trabajo “Aborto y derechos humanos”. Ante esto personalmente camino y caminaré con la democratización del acceso a ese cuidado sanitario, a la prevención y desarrollo social igual para todos y todas, donde no sean las muertas esas mujeres pobres y abandonadas por el Estado y solo las ricas sean las que tengan derecho a autogobernarse pidiendo por la vida agitando un pañuelito azul.

Es decir, hablamos de Derechos Humanos, de universalidad, igualdad, algo intrínseco que al entrar en tensión con requerimientos morales deben imperar, son prioritarios y absolutos.

Ahora bien, las características propias de una persona se adquieren a lo largo de la gestación, un embrión no es un ser humano. Es esta la posición compartida por los países que han avanzado en el aborto legal, entendiendo esto no como la promoción del mismo; y es que una situación traumática no se promueve, lo que sí es claro es que debe ser derecho, sin moralismos, sin caretas ni iglesias.

Del mismo modo no es ningún tipo de iglesia ni creencia religiosa las llamadas a legislar, y sí, vale toda vida, por ello las mujeres deben tener derecho a la suya, a decidir y al libre albedrío; por eso el pañuelo verde y el aborto legal juegan del lado de la vida.

Vamos más allá, la UNICEF en su informe 2016-20120 “Para cada niño, el mejor comienzo” da a conocer que el 79% de los niños y niñas de 0 a 3 años no acceden a servicios educativos o de cuidado, además de las grandes diferencias, carencias y desigualdades por regiones en términos de su desarrollo. La pobreza sigue concentrada en la niñez. “La disparidad entre regiones y grandes centros urbanos y zonas rurales impide que todos los niños y niñas tengan las mismas oportunidades al nacer y durante sus primeros años de vida”. ¿Dónde observar a los autonombrados promotores de la vida abogar, gastar grandes recursos económicos y realizar campañas para dar vuelta a esta situación? ¿cuándo ha sido evidente la preocupación por aquellos niños y niñas y su desarrollo cognitivo, social, físico y afectivo? Por el contrario, hoy se imponen los discursos virulentos del miedo, claro, el miedo al cambio y los derechos, montados sobre un caballo de una doble moral enorme que propende por la caridad y la miseria de aquellas mujeres, niños y niñas sin futuro.

No más abortos clandestinos, no más ilegalidad y muertes.

Será ley, lo será por Liliana Herrera, por María Campos, por todas.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.