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Sobre la tribuna de los anónimos. Parte II

Nunca el “hombre” está vencido, su derrota es siempre breve, un estímulo que mueve”

Inti Illimani

Irrupción social- Momentos de apertura

Los acontecimientos de protesta y de irrupción social son un momento de apertura en el que las trincheras del sentido común abren canales de oxigenación y de circulación hacia flujos informativos y discursivos, al interior de fuerzas y cuerpos sociales subalternos. Así como las jornadas que se presentan para una coyuntura electoral intensifican la disposición para hablar sobre ciertos temas del campo político-institucional y representativo, los momentos de irrupción social y protesta intensifican la incertidumbre del escenario ante las fuerzas en tensión.

Esta intensificación es un hecho socio-político que implica una apertura política en torno a las encrucijadas que se hacen visibles en un momento de antagonismo. Un momento de intensificación de los antagonismos arroja elementos problemáticos y cuestionamientos en todas las direcciones de las coordenadas sociales y políticas, pero también arroja una serie de pistas contradictorias en todas las direcciones del campo político. La irrupción de este flujo de problemas y pistas contradictorias es a su vez la apertura de un campo de posibilidad, en el que se identifica la disposición de amplias capas de subalternos y plurales por encontrar elementos que les permitan entender y tomar postura frente a los acontecimientos de irrupción social. La información y los discursos que circulan por los canales institucionalizados de los medios de comunicación, así como los discursos que se inscriben en el campo de la formalidad del poder, se hacen insuficientes para contener los elementos problemáticos que el acontecimiento arroja, a pesar de sus intentos por así lograrlo.

En estas circunstancias los canales de flujo de información y de interacción de mayor flexibilidad y heterogeneidad, como las plataformas de discursividades que se presentan a través de las redes virtuales (Facebook, twitter, youtube, blogs) adquieren una centralidad política inicial como campo de experimentación. Se convierten es una oportunidad para significar las demandas y las incertidumbres, teniendo además la disposición de una tribuna que se dispone a acechar discursividades que arrojen pistas distintas, trabajo al que se rehúsan los medios convencionales de nuestro país.

Con frecuencia se esboza que las nociones que configuran el sentido común en el país se inscriben un campo más bien conservador, en el que la perspectiva crítica del presente dado ocupa un lugar marginal, sin embargo si los momentos de irrupción social, son momentos de apertura y de re-oxigenación del campo del sentido común, es allí también donde los oídos se disponen a escuchar aquellos a lo que antes se negaron y fue silenciado, es en este punto donde lo sedimentado no es sólo enquistamiento, sino memoria y experiencia en circulación. Estos acontecimientos de irrupción son también momentos singulares de apertura y de tensión, en los cuales la incertidumbre como atmósfera, se caracteriza por su riqueza contradictoria y por las preguntas que arroja aún sin respuesta definitiva y/o deseable. Son momentos pues en los que se hacen visibles las formas concretas de los actores en tensión, por un lado, el contorno de fuerzas que impugnan el orden establecido y por el otro el despliegue y las tácticas de estabilización que se orientan desde el campo político-institucional para contener la situación.

El acontecimiento como escena teatral

Si imagináramos el acontecimiento de irrupción social como la escena de quiebre de una larga obra teatral, esta escena se podría caracterizar por la predominancia de unos elementos atmosféricos inciertos en tanto agitación, convulsión y conflictividad. Es el proceso de conflictividad la tinta con la que se trazan los límites y las fronteras del escenario en tensión. Estas fronteras trazan en el escenario la configuración de un campo que se fractura en un “ellos” y un “nosotros”, un nosotros en disposición de insubordinación y un ellos que impide, bloquea u omite.

Por otro lado, un “ellos” rebelde, agitador y desorganizado, y un nosotros legítimo, institucional, razonable y civilizatorio. La fractura del campo escenográfico permite identificar a los actores en relación con sus tensiones, conflictividades y demandas. Sin embargo, los acontecimientos como momentos de la narrativa de la conflictividad social y política articulan además de lo descrito, una tribuna, un campo expectante, que ocupa un papel más o menos pasivo pero, en últimas determinante para el desenlace de la situación conflictiva.

Ocurre pues que las situaciones de irrupción y de conflictividad configuran un escenario central, nudo de acontecimientos, y permite confluir la “disposición” expectante de un grueso, plural, heterogéneo y contradictorio público anónimo. La densa trama de tensiones, que en un momento coyuntural adquieren cualidades antagónicas a través del momento y la situación de conflictividad, visibiliza una serie de actores, de identidades y de proyectos en pugna, que requieren cierto grado de aceptación conforme o inconforme del público expectante para dotar de fuerza las medidas que se impongan en la situación conflictiva, fuerza que puede ser aceptación pasiva o inconforme de su resolución vía estabilización de la insubordinación, o fuerza que legitime y articule posibilidades de quiebre y de ruptura social con posibilidad de subversión.

En fin, las situaciones de irrupción, los momentos de quiebre social, son momentos en los que no sólo se presentan visiblemente fuerzas protagonistas en tensión, son situaciones en las que además se ubican en las sombras aquellos que se encuentran no en escena pero sí en el teatro, como tribuna expectante y anónima, y como fuerza, posibilidad imprescindible para posibilitar cualquier desenlace a esta situación.

La narración y sus narradores

Muchos de los elementos conflictivos y paradójicos, muchos de los interrogantes que son arrojados, como elementos inciertos en una situación coyuntural, son traducidos y pobremente descifrados por quienes ocupan y proyectan la narrativa de la “escena quiebre”.

Quienes se han tomado los micrófonos de la narrativa (quienes de alguna manera han “secuestrado” estos micrófonos) son aquellos que se autodenominan como medios de información y de comunicación, su centralidad más allá del evidente juego oligopólico del que hacen parte, es su potencia para traducir, descifrar y proyectar masivamente los elementos inciertos e inquietantes de una situación dada. La labor que realizan como narradores de una escena de quiebre ricamente incierta, es la potencia de la cual se apropian.

En torno a este punto quiero llamar la atención, ante el panorama anterior se nos presenta la necesidad de traductores, narradores y descifradores es imprescindible, teniendo presente que se cuenta con un público que ante la insoportable presión de decisión que se le impone y, que ante la particular atmósfera de incertidumbre que predomina, se encuentra expectante y al acecho de pistas, de voces y de palabras por las que muy seguramente no siempre se encuentra en disposición de recibir.

Considero pues este un momento oportuno para re-organizar la agenda de prioridades tácticas, será esta la escena de ruptura, una oportunidad para poner en circulación narrativas “otras” a través de los canales mucho más flexibles que se presentan a través de discursividades como Facebook, twitter, youtube.

Esta temporada incierta para cualquier proyecto de cambios posibles llama la atención, insiste en sorprender las agendas convencionales porque provoca re-organizar las prioridades, lo importante no es ni mucho menos sentenciar “lo acertado”, parece central organizar la intrepidez propia de la experimentación política, en la intensificación de lo que antes se descuidó, es tiempo para re-tomar lo conflictivo, lo difícil, lo problemático, no como fatalidad del destino, pero tampoco subestimando los anuncios que se presentan en el ahora, en el tiempo y en el espacio de lo “dado dándose”.

Por: Yishar Luna

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